Limpieza y cuidados
Tu hoja está cubierta por ambas caras por esmalte de joyería: esmalte transparente por el haz y un contraesmalte opaco
-en ciertos casos, también una laca- por el envés.
El esmalte es vidrio: no se oxida ni se mancha, y protege al cobre de la oxidación. El perímetro de cobre que no queda cubierto por el esmalte adquirirá poco a poco una pátina oscura natural.
No necesita ceras ni abrillantadores, solo un trato cuidadoso.
Si sigues las recomendaciones, durará mucho tiempo.
Cuidados:
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No dejes que caiga al suelo ni trates de forzarla o cambiar su forma: el esmalte es duro pero frágil.
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No la expongas al agua de mar, a ambientes salinos o a productos químicos: no son amigos de los metales.
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Lúcela preferiblemente sola. Piedras duras como el cuarzo o la turmalina, también el acero, pueden deslustrar o desconchar el esmalte. El aluminio puede marcarlo con trazos oscuros casi indelebles.
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Los cuellos altos, bufandas y pañuelos de cuello son enemigos naturales de los pendientes, especialmente si son largos. Para evitar su pérdida, póntelos siempre con sus topes. No confíes en la longitud del gancho.
Limpieza:
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Si ves que a tu hoja le hace falta limpiarla basta lavarla con agua y una gota de lavavajillas, usando si fuera necesario un cepillo suave, sin forzar.
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Aclara bien con agua limpia.
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No uses disolventes, blanqueantes, ácidos ni limpiagrasas alcalinos: pueden penetrar en poros o pequeñas grietas no visibles y manchar o incluso dañar el esmalte o la base de cobre.
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No uses limpiametales, ni abrasivos que pueden deslustrar el esmalte.
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Si vas a guardarla, asegúrate que está limpia y perfectamente seca antes de hacerlo. Es buena idea usar una bolsa de tela o envolverla en papel ligero.
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Revisa de tanto en tanto el estado del cordón y cámbialo si muestra señales de desgaste; es antelina de buena calidad, pero no es eterna.